La forma en que nos tratamos también educa

Madre escribe en su diario con un café mientras su hijo dibuja a su lado en el balcón

Les decimos a nuestros hijos que se quieran, que no se rindan, que se traten con respeto. Pero ellos aprenden mucho más de lo que ven que de lo que escuchan. Y lo que ven, todos los días, es cómo nos tratamos a nosotros mismos.

Si no soy buena conmigo misma, ¿cómo puedo esperar que otro lo sea?

Maya Angelou

Los niños aprenden observando

Nuestros hijos observan cómo enfrentamos los errores, cómo ponemos límites y cómo respondemos ante nuestras propias dificultades. A partir de esas experiencias van formando sus creencias sobre sí mismos, sobre los demás y sobre el mundo.

Si escuchan que nos llamamos «bruta» cada vez que algo sale mal, aprenden que equivocarse merece insultos. Si nunca nos ven descansar, aprenden que valer es igual a no parar. Si no saben decir que no, aprenden que las necesidades propias van siempre al final de la fila.

Cuidarte no es egoísmo

Muchas madres y padres sienten culpa cuando se toman un tiempo para sí. Pero ser buenos con nosotros mismos no es egoísmo: es modelar autoestima, respeto mutuo y sentido de pertenencia. Un adulto descansado, que reconoce su valor y atiende sus necesidades, tiene más paciencia, más presencia y más recursos para acompañar a sus hijos.

En Disciplina Positiva hablamos del respeto mutuo: respetar al niño y, al mismo tiempo, respetarnos a nosotros. Una crianza que solo respeta al niño agota al adulto; una que solo respeta al adulto lastima al niño. Necesitamos las dos.

Cinco maneras de educar con tu ejemplo

  1. Háblate en voz alta con amabilidad. Cuando te equivoques frente a tus hijos, prueba con: «Uy, me equivoqué. Voy a arreglarlo». Les estás enseñando a tratarse igual.
  2. Pon límites con calma. «Ahora no puedo jugar, necesito descansar diez minutos. Luego jugamos.» Así aprenden que todos tenemos necesidades y que se pueden expresar con respeto.
  3. Repara cuando te equivoques con ellos. Reconoce lo que pasó, pide disculpas y busquen juntos una solución. Pedir perdón no te quita autoridad; les enseña que los errores se pueden reparar.
  4. Deja que te vean cuidarte. Hacer ejercicio, leer, ver a tus amistades o pedir ayuda cuando la necesitas también es parte de su educación.
  5. Celebra el esfuerzo, el tuyo también. «Me costó, pero lo terminé.» Valorar el proceso, y no solo el resultado, es una lección que se contagia.

Porque la forma en que nos tratamos también educa

No necesitas ser perfecta ni perfecto para dar un buen ejemplo. Lo que tus hijos necesitan ver es a un adulto que se equivoca, se levanta, se cuida y se trata con el mismo cariño con el que los trata a ellos.

Si sientes que te cuesta tratarte con amabilidad, no estás sola ni solo. En nuestro taller Conocerme es Amarme trabajamos el autoconocimiento y la autoaceptación desde la Psicología Adleriana, y en nuestros servicios de terapia y acompañamiento podemos ayudarte de forma individual. Conoce nuestros talleres.

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